quarta-feira, 12 de agosto de 2009

MATÉRIA SOBRE ADORNO

MATÉRIA SOBRE ADORNO PUBLICA NA REVISTA ARGENTINA "Ñ".
Adorno: el filósofo de la belleza
A cuarenta años de su muerte, las ideas del autor de la "Teoría estética" tienen una vigencia indiscutible. Esta nota se centra en el impacto de su obra filosófica, pero toca también aspectos personales. Además, un análisis sobre su teoría musical.
En una carta a su querido Walter Benjamin, en quien tuvo un aliado pese a todos los desacuerdos (o acaso gracias a ellos), Adorno confiesa, no sin orgullo: "De mi existencia empírica muy pocas cosas merecen señalarse; sí, en cambio, de la intelectual". En verdad, esta declaración podría aplicarse a toda su vida, ya se la considere segmentada en fases o como una continuidad. Pues al leer las diversas biografías de Theodor L. Wiesengrund Adorno, desde la inteligente y concisa de Hartmut Scheible –lamentablemente no traducida al español– hasta la monumental e indiscreta de Stefan Müller-Doohm, no se puede dejar de tener la sensación de que este controversial pensador careció de una existencia externa.En él, pareciera que la verdadera, la única trayectoria es el proceso intelectual, sin gran correlación directa con los problemáticos contextos en los que ocasionalmente se hallaba. ¡Ni siquiera el régimen nazi parece haberlo jaqueado! Tras una cómoda etapa de formación que describe un triángulo con vértices en Frankfurt, Viena y Berlín, el ascenso y consolidación de Hitler lo llevan a Inglaterra, donde estudia en Oxford, y luego a los Estados Unidos, con estaciones en Nueva York y en Los Angeles, y todo eso sin problemas burocráticos, aun siendo medio judío y (neo)marxista. Seres queridos y colegas padecen y mueren, por causas naturales o a manos de los nazis; Adorno continúa investigando, enseñando, y sobre todo, escribiendo.Ya concluida la guerra, no puede asistir a los sepelios de su padre, un comerciante de vinos a quien progresivamente fue borrando de su vida (al extremo de quitarse el apellido, Wiesengrund), ni de su amada madre. En 1948, a pedido de Thomas Mann, ofrece un breve autorretrato en el que define sus filiaciones: "Mi padre era un judío alemán; mi madre, cantante, es hija de un oficial francés de origen corso –originariamente genovés– y de una cantante alemana. He crecido en una atmósfera dominada completamente por intereses teóricos (también políticos) y artísticos, sobre todo musicales". La templanza de Gretel Karplus, su esposa desde 1937 (se habían casado en Londres, con Max Horkheimer como testigo), aportaría la suya para que los repetidos deslices extramatrimoniales del filósofo quedaran confinados a la esfera íntima, cual aventuras sin épica.Esa aparente calma exterior, sin embargo, comenzó a resquebrajarse a fines de los 60, cuando el eminente intelectual y profesor –justamente a raíz de esa función– se vio confrontado por la agitación juvenil que recorriera América y Europa. Cuestionado por lo que su ya brillante discípulo Jürgen Habermas osara calificar de "fascismo de izquierda", Adorno se hallaba de pronto en el centro de la opinión pública, en un terreno ajeno y hostil: sin ambigüedades ni posiciones personales, ahora tenía que tomar partido ante los antagonismos dados, sin "mediaciones" (uno de sus conceptos favoritos). Y su álbum personal, hasta entonces tan discreto, súbitamente se pobló de imágenes llenas de contenido político: se lo ve en actos de protesta contra el gobierno y junto a otras personalidades (como Heinrich Böll), o bien asediado por estudiantes que lo repudian con gestos obscenos, e incluso rodeado de los policías a los que llamó para hacer desalojar el Instituto de Investigación Social, que a la sazón dirigía. En el verano de 1969, con su seminario interrumpido por los estudiantes, y consagrado a la elaboración de la que estimaba una obra cumbre, la Teoría estética (que planeaba dedicar a su venerado Samuel Beckett), buscó algo de paz en una escapada vacacional a Suiza, el paraíso neutral. Y lo hizo junto a su mujer, que seguía a su lado pese a las infidelidades. El 6 de agosto, "perdido el lazo con su juventud y con toda la juventud", como lo describiera su amiga la poetisa Marie L. Kaschnitz, un infarto acabó con él. Aunque sus antecedentes cardíacos no eran los mejores y él mismo se había confesado "muy deteriorado" en una última carta a Herbert Marcuse (de cuya muerte, coincidentemente, acaban de cumplirse los treinta años), nada hacía prever que una excursión por las montañas acabaría en semejante fatalidad.Una opinión médica imputó la falla cardíaca a las recientes crispaciones de público conocimiento; como siempre, nada se dijo del ámbito privado, aunque a nadie sorprendió que Gretel intentara suicidarse tiempo después, tras ordenar el legado de su marido, que para ella y su círculo íntimo seguía siendo el travieso "Teddy".Por un momento, tras el funeral (en el que contra todas las predicciones no hubo disturbios), pareció que su muerte sería también el fin de sus ideas. La tajante ruptura con los estudiantes universitarios, la anhelada obra maestra que quedaba inconclusa, y la entronización de Marcuse, un "temperamento divergente" que ahora parecía eclipsarlo como filósofo de la época... muchos factores hacían suponer que su nombre podría desvanecerse como el de un académico más. Sin embargo, bastó con que sus colegas –con Horkheimer y Habermas a la cabeza– lo reivindicaran ante la sociedad, con que las protestas juveniles se diluyeran, y con que hasta Marcuse mismo le reconociera su deuda intelectual en su último libro, para que la vigencia del pensamiento adorniano empezara a hacerse evidente. Y de hecho, el impacto de su obra escrita ha sostenido desde entonces un notable in crescendo, aún en nuestro siglo. A tal punto, que en el prólogo a las Conferencias Adorno 2003, editadas por Suhrkamp (la editorial "oficial" de todos los integrantes de la Escuela de Frankfurt), el compilador lamenta la fácil apropiación nacional de la figura de Adorno que con motivo del centésimo aniversario se perpetró en Alemania, que a la sazón hizo de él "un súper-yo colectivo". Y más allá de la explotación por parte del mercado editorial, la repercusión de sus ideas se constata al interior de las disciplinas que lo vieron brillar: la filosofía, la sociología, y esa indefinida y punzante actividad que conocemos como "crítica cultural". Pues si en algo suscribió Adorno a la "Teoría crítica" de su amigo Horkheimer fue, precisamente, en la negación a pensar en forma abstracta, objetiva, y especializada; de ahí que sea tan feliz la definición de "intelectual filosofante" que Habermas le tributara, en un ensayo hoy recogido en sus Perfiles filosófico-políticos (libro, de hecho, dedicado a Adorno). En efecto: el abordaje y el vocabulario de Adorno no han dejado de tener eco en otras teorías y otras obras, al menos desde que su esposa y su editor Rolf Tiedemann se apresuraron a publicar la inacaba Teoría estética. Pues junto a la Dialéctica de la Ilustración, publicado recién después de la guerra, el último gran texto adorniano pronto se volvió una referencia imprescindible en el pensamiento de Occidente. (En nuestro idioma, los avatares editoriales quisieron que sendas traducciones aparecieran con apenas un par de años de diferencia, allá por 1970; los avatares políticos, a su vez, determinaron que la recepción de las mismas recién se consumara con el retorno de la democracia.) Hoy, con más perspectiva, puede afirmarse que este tratado de estética sui generis es una de las obras clave de la filosofía del siglo XX. De la filosofía, en general, y no sólo de la estética. Pues el gran tema del pensamiento filosófico del siglo pasado fue el lenguaje, y se requiere un alto refinamiento estético para enfocarlo con el radicalismo y la originalidad característicos de Adorno, que no por azar había fulminado justamente en esta área a su archienemigo Martin Heidegger (en cuya "jerga de la autenticidad" veía una tétrica continuidad del nazismo). No hay duda de que Adorno introdujo cambios profundos en el trabajo con la cultura, tanto en lo escritural como en lo actitudinal. Términos tales como el remanido "industria cultural" o "negatividad" se han naturalizado en el glosario de las Humanidades, mientras que las pretendidas neutralidad y sistematicidad del trabajo en Ciencias Sociales han quedado más que contrariadas por su incisiva producción.A cuatro décadas de su temprano deceso, sentimos una impotente curiosidad por saber qué habría dicho este singular pensador sobre los temas de hoy: el posmodernismo, la globalización, Internet, el terrorismo... Pues si bien es cierto que Adorno no pudo o no quiso aceptar algunos desarrollos culturales básicos (como los medios audiovisuales, sobre los que sólo dejó algunas páginas negativas), no es menos cierto que siempre se sintió llamado a dejar constancia de su lúcida y estimulante opinión, nunca desinformada.Muchos de quienes le endilgan un elitismo retrógrado ignoran ciertas ocupaciones, preocupaciones y declaraciones suyas, como la que le formulara a Hans Magnus Enzensberger con motivo de su común interés por la radio: "Renunciar a los medios de masas [...] sería testarudo y un gesto de conservadurismo cultural". Y es que por la deliberada densidad de su estilo, con el que se resistía a ser leído ligeramente, él mismo fue quizás el mayor responsable de su imagen de "dinosaurio", impidiendo entrever la dimensión espontánea y sensual: humana. Su virtuosismo al piano (reconocido incluso por Schoenberg, quien confesara "no soportarlo"), su proyecto de llevar a la ópera el Tom Sawyer, sus amoríos, y su pasión por los animales (¡que hasta lo volvió un seguidor de la serie Daktari!), parecen datos de otra persona, siéndole tan propios como lo fueron. Paradójicamente, para no quitarle su capacidad única de provocación hoy quizás haya que tener presentes sus aspectos más ligeros.

http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/08/08/_-01973892.htm

quarta-feira, 22 de julho de 2009

Mulheres-Sanduíches, O Consumo Mediado


Quando a gente pensou em um projeto para Sociologia da Comunicação II, logo nos veio a mente a imagem das mulheres-sanduíche. Homens-sanduíche (ou homem-placa, assim no masculino mesmo) é o termo que a gente costuma ouvir quando para se referir àquelas pessoas que ficam com placas em seu corpo, paradas na calçada, fazendo propaganda. No começo, só se encontrava (ou se percebia) anúncios de “Vendo/Compro Ouro” e similares. Mas atualmente, a gama de empresas que utilizam dessa estratégia se diversificou (é importante ressaltar que estas empresas geralmente atuam no setor de varejo). Agora existe placa pra tudo! A maioria deles só anuncia com as próprias placas mesmo, é raro ouvir um desses gritando e/ou anunciando o produto. Dessa forma, decidimos focar nosso trabalho nas mulheres que desempenham esse tipo de atividade. Estávamos interessados em realmente ver (e não somente olhar) essas mulheres, encontrar o que cada uma delas tinha de diferente: iríamos perguntar sobre moda, televisão, trabalho e outros assuntos que achávamos plausíveis para o entendimento de suas identidades.

No entanto, ao abordá-las, encontramos grandes dificuldades de estabelecer comunicação com tais mulheres. Algumas simplesmente recusavam qualquer possibilidade de conversa. Outras, rejeitavam as nossas abordagens porque sentiam vergonha ou tinham medo da câmera. Quando muito elas nos respondiam através de frases evasivas, desejando cortar logo a conversa e, sempre, com olhares fugidios. Elas alegavam que não podiam conversar em horário de trabalho; o trabalho delas era simplesmente anunciar, como outdoors ambulantes pelas ruas da cidade. Só no caso de um cliente muito interessado é que elas teriam permissão para levá-lo até a loja que a contratou.

É interessante notar, a partir disso, que essas mulheres estão absorvidas pela lógica do espetáculo, elas são pura imagem. Seus corpos, por estarem escondidos atrás dos anúncios, estão alienados, são mercadoria. Essas mulheres não têm direito de escolha: condicionadas a subempregos, são obrigadas a abdicar de suas personalidades (personalidade esta que está inscrita em suas roupas, seus gestos, seus olhares) para que essas não eclipsem os produtos, fim da função que estão desempenhando. Aqui funciona uma lógica da vedete ao contrário, pois na funcionalização destes corpos também não há um vivido, há só aparência. A mercadoria nega (ou pelos menos esconde) a existência à esse indivíduo.

A identidade é uma forma de distinção entre o eu e o outro, uma marca de alteridade. Na acepção de Castells, podemos considerar que a categoria mulher-sanduíche é um papel. “Os papéis são definidos por normas estruturadas pelas instituições e organizações da sociedade” (CASTELLS, p.22). Nas conversas que obtivemos com essas mulheres, ficou claro pra gente que elas não partilham significado com o que estão vendendo (pelo menos nos casos onde elas consentiram em nos prestar depoimentos). Nesse sentido, há um processo esquizofrênico na negociação entre o papel que elas representam naquele determinado meio social e os processos mais essencialistas da construção das suas identidades. Elas não encontram na atividade que elas desempenham uma identificação simbólica com o que projetam pro outro como identidade. O fato dessas mercadorias não fazerem parte do universo de consumo de tais mulheres reforça ainda mais essa separação radical. É até possível inferir que não há influência dessa categoria (enquanto papel) na construção dos seus processos de individuação, pois mulher-sanduíche é um papel que nega sua personalidade.

Tal fenômeno coloca-se de maneira muito evidente pois, com o ganho de reflexividade do mundo moderno, é possível entender a identidade como um processo, uma construção. Quando elas nos respondem que nunca usaram os serviços que vendem, há uma consciência a posteriori desses processos de fragmentação da identidade, que só se operacionaliza quando elas narram sua trajetória para si mesmas (através da entrevista).

Aqui a atuação da identidade legitimadora assume-se nos mais variados graus. Castells coloca que “a identidade legitimadora dá origem a uma sociedade civil, ou seja, um conjunto de organizações e instituições, bem como uma série de atores sociais estruturados e organizados, que embora às vezes de modo conflitante, reproduzem a identidade que racionaliza as fontes de dominação estrutural” (CASTELLS, p.24). Nos casos da mulheres que entrevistamos, haviam aquelas que disseram que não podiam dar entrevista pois seu patrões não permitiam que elas “conversassem no serviço”. Isso é sintoma de uma forma de reprodução do discurso da identidade legitimadora, que oprime qualquer possibilidade de uma identidade de projeto. Aqui não é possível a transformação social, inerente ao conceito de identidade de projeto apresentado por Castells. Essas mulheres são apenas representações do discurso de seus patrões, ou seja, de padrões de dominação do capital.

Outro ponto interessante a se observar é como as mulheres-sanduíche servem a uma “gastronomia do olhar”, como Balzac costuma descrever a atitude voyeurística. Sennet demonstra que o voyerismo, na sociedade moderna, é uma forma de participação na vida pública: “ (...) a pessoa está aberta para tudo e nada rejeita a priori de sua esfera de ação, contanto que não tenha de se tornar um participante ou envolver-se numa cena” (SENNET, p.43). Daí se estabelece um jogo voyeurístico entre o habitante da cidade moderna e a categoria que estamos tratando. Os passantes fingem que não vêem aquele objeto parado nas esquinas (ou, na verdade, fingem que só vêem as placas), e essas mulheres fingem que não estão sendo observadas, que não são alvo do olhar alheio. Esse “transe falsificado” (ou atitude blasé, numa tradição mais simmeliana) só é abalado quando do contato dos corpos, das individualidades entre comprador (ou interessado) e produto. A mulher sanduíche, nessa lógica, é um forma de mediação entre mercadoria e consumidor.

Habitamos um mundo em constante movimento, com produtos e novas tecnologias sendo desenvolvidos e lançados no mercado diariamente, onde a própria lógica de espaço e tempo foi/está sendo superada através de meios de transporte e comunicação que tornam as distâncias insignificantes. Esse progresso e a possibilidade de usufruí-lo é limitado, entretanto, a uma pequena parcela da população, uma parcela de privilegiados, denominados por Zygmut Bauman em seu livro Globalização: As conseqüências humanas como uma categoria: os turistas.

Os turistas são indivíduos livres para se mover ao seu bel prazer, acompanhando esse mundo tão volátil, que lhes é tão apelativo. A maior parcela da população, entretanto, não se encaixa neste padrão de vida. Estas pessoas, indivíduos que são obrigados a permanecer, são denominados por Bauman de vagabundos. A essa categoria pertecencem as pessoas presas a subempregos – afazeres rejeitados pela classe privilegiada, mas que precisam ser realizados – e a certas localidades, que tem seu movimento, ou ausência deste, determinado pela lógica capitalista pós-moderna: “Alguns podem mover-se para fora da localidade – qualquer localidade – quando quiserem. Outros observam, impotentes, a única localidade em que habitam movendo-se sob os seus pés” (BAUMAN, 1999, p.25).

As mulheres as quais abordamos estão inseridas no grupo dos vagabundos, mas sua situação é duplamente tensa, pois além de relegadas e presas a empregos os quais não lhes dá condições monetárias de se movimentar como turistas, o seu trabalho as coloca em situação de maior imobilidade e passividade, devem passar cerca de 10 horas diárias paradas ostentando cartazes de propaganda em calçadas públicas. Estas mulheres, que recebem a alcunha popular de mulheres-sanduíche, servem aos seus empregadores de outdoors humanos para seus produtos.

Estáticas em meio a um centro comercial elas observam diretamente o movimento daqueles que fazem compras, realizam seus afazeres, ou simplesmente passam, mas são impedidas de seguir o fluxo. Vivem sobre a ameaça de um superior que as vigia - um tipo de panóptico fora das fábricas, perceba-se aqui o caráter paradoxal de sua condição, estão presas mesmo quando em lugares abertos os quais para a maioria de nós é sinal de liberdade - nunca vêem exatamente o que as observa ou de onde, mas sentem que estão sendo observadas e isso é suficiente para mantê-las engessadas na sua imobilidade social. Esse medo de estar sob constante vigilância às impede, até mesmo, de se comunicar com outras pessoas que não sejam clientes em potencial.

Essas mulheres, ou ao menos aquelas com as quais conseguimos falar, têm inclusive consciência de que estão fazendo propagandas de produtos que não as atinge, produtos os quais não tem condição de consumir com o que lhes é pago. Não existe comunicação entre elas e o produto e muito menos com seu empregador. Suas escolhas pautam-se, em sua maioria, na necessidade de sobrevivência. É possível entender o papel dessas mulheres numa lógica em que as mesmas orientam o consumo, mas não tem consciência desse “poder”.

Numa sociedade onde ocorre o triunfo da representação, essas mulheres são uma mercadoria-signo. As placas nos seus corpos funcionalizam a mercadoria como um comunicador, e não como uma utilidade. Como atesta Featherstone “o consumo, portanto, não deve ser compreendido apenas como consumo de valores de uso, de utilidades materiais, mas primordialmente como consumo de signos”. Essas mulheres, ali onde desempenham sua atividade, não são corpos, são signos cujo referente não é a mulher-sujeito que se encontra por debaixo daquelas placas. É um não-lugar, uma representação que não necessariamente corresponde ao que se percebe na realidade dada ali naquela esquina, no centro da cidade de Niterói.

Trabalho Final de Giovani Barros e Mariana Ramos.

21



Trabalho Final de Bárbara Defanti.
Uma situação rotineira se apresentou ao acaso como um intrigante objeto de estudo. Todos os dias minha avó assiste compenetrada o canal de câmeras do nosso prédio e eu nunca tinha parado pra pensar o quanto um essa ferramenta de segurança pode resultar em diferentes situações de controle. A vigilância dela com a câmera acabou sendo a minha com ela pra realizar o curta-metragem, e só assim percebi que a experiência cotidiana de Dona Maria José e todos os personagens que envolvem a vivência dela tornou-se simulada, mediada por aquelas cenas em preto e branco. Claro e diário exemplo da ideologia de Guy Debord e seu espetáculo, representadas pelos moradores de um edifício não muito movimentado.

segunda-feira, 20 de julho de 2009

Trabalho da disciplina de Soc. e Com. II

Temos postado aqui os excelentes trabalhos realizados na disciplina de Sociologia e Comunicação II (obrigada, monitores, pelo trabalho árduo de postar todos os trabalhos). Agora, indicamos as monografias produzidas também nesta disciplina, todas muito recomendadas. Estão todas armazenadas no site do GRECOS, e podem ser baixadas. A seguir, a lista com nome do alunos e tema das monografias. E boa leitura para todos:

- Ana Beatriz Paes - "Bauman, Bauman, não preamos cânico". O contraste de considerações sobre a Modernidade de Z. Bauman e manifestações de juventude nesse contexto.

- Bruno Fernando Castro - O humor como força de transformação social

- Bruno Thebaldi de Souza - Medo

- Leticia Rossignoli - O autocontrole e os reality shows: o foco numa "terceira natureza"

- Maria Izabel Diniz - Comentário sobre matéria de O Globo e a proibição do funk

- Mariana Gomes - Telenovelas, identidade e consumo

- Renan Angelici e Thiago Yamachita - O herói virtual - o mundo virtual e as sociedades nos MMORPGs

ENTREVISTA EM ESPANHOL COM BAUMAN



How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor..." Esta cosmovisión le sirvió a Zygmunt Bauman para teorizar sobre cuestiones imprescindibles y así intentar comprender esta era. La idea de felicidad, el mundo que está resurgiendo después de la crisis, seguridad versus libertad, son algunas de sus preocupaciones actuales y que explica en sus recientes libros: Múltiples culturas, una sola humanidad (Katz editores) y El arte de la vida (Paidós). "No es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad", sostiene desde Inglaterra por escrito.

Bauman nació en Polonia pero se fue expulsado por el antisemitismo en los 50 y recaló en los 60 en Gran Bretaña. Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad "sólida" hacia otra "líquida". Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los "diferentes", los "residuos humanos" de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos. Sobre este mundo cruel y desigual versó este diálogo con Bauman.

Uno de sus nuevos libros se llama Múltiples culturas, una sola humanidad . ¿Hay en este concepto una visión "optimista" del mundo de hoy?

Ni optimista ni pesimista... Es sólo una evaluación sobria del desafío que enfrentamos en el umbral del siglo XXI. Ahora todos estamos interconectados y somos interdependientes. Lo que pasa en un lugar del globo tiene impacto en todos los demás, pero esa condición que compartimos se traduce y se reprocesa en miles de lenguas, de estilos culturales, de depósitos de memoria. No es probable que nuestra interdependencia redunde en una uniformidad cultural. Es por eso que el desafío que enfrentamos es que estamos todos, por así decirlo, en el mismo barco; tenemos un destino común y nuestra supervivencia depende de si cooperamos o luchamos entre nosotros. De todos modos, a veces diferimos mucho en algunos aspectos vitales. Tenemos que desarrollar, aprender y practicar el arte de vivir con diferencias, el arte de cooperar sin que los cooperadores pierdan su identidad, a beneficiarnos unos de otros no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias.

Es paradójico, pero mientras se exalta el libre tránsito de mercancías, se fortalecen y construyen fronteras y muros. ¿Cómo se sobrevive a esta tensión?

Eso sólo parece ser una paradoja. En realidad, esa contradicción era algo esperable en un planeta donde las potencias que determinan nuestra vida, condiciones y perspectivas son globales, pueden ignorar las fronteras y las leyes del estado, mientras que la mayor parte de los instrumentos políticos sigue siendo local y de una completa inadecuación para las enormes tareas a abordar. Fortificar las viejas fronteras y trazar otras nuevas, tratar de separarnos a "nosotros" de "ellos", son reacciones naturales, si bien desesperadas, a esa discrepancia. Si esas reacciones son tan eficaces como vehementes es otra cuestión. Las soberanías locales territoriales van a seguir desgastándose en este mundo en rápida globalización.

Hay escenas comunes en Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires: de un lado villas miseria; del otro, barrios cerrados. Pobres de un lado, ricos del otro. ¿Quiénes quedan en el medio?

¿Por qué se limita a las ciudades latinoamericanas? La misma tendencia prevalece en todos los continentes. Se trata de otro intento desesperado de separarse de la vida incierta, desigual, difícil y caótica de "afuera". Pero las vallas tienen dos lados. Dividen el espacio en un "adentro" y un "afuera", pero el "adentro" para la gente que vive de un lado del cerco es el "afuera" para los que están del otro lado. Cercarse en una "comunidad cerrada" no puede sino significar también excluir a todos los demás de los lugares dignos, agradables y seguros, y encerrarlos en sus barrios pobres. En las grandes ciudades, el espacio se divide en "comunidades cerradas" (guetos voluntarios) y "barrios miserables" (guetos involuntarios). El resto de la población lleva una incómoda existencia entre esos dos extremos, soñando con acceder a los guetos voluntarios y temiendo caer en los involuntarios.

¿Por qué se cree que el mundo de hoy padece una inseguridad sin precedentes? ¿En otras eras se vivía con mayor seguridad?

Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron ); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.

Esto nos llevaría a otra paradoja. ¿Cómo maneja la sociedad moderna la falta de seguridad que ella misma produce?

Por medio de todo tipo de estratagemas, en su mayor parte a través de sustitutos. Uno de los más habituales es el desplazamiento/trasplante del terror a la globalización inaccesible, caótica, descontrolada e impredecible a sus productos: inmigrantes, refugiados, personas que piden asilo. Otro instrumento es el que proporcionan las llamadas "comunidades cerradas" fortificadas contra extraños, merodeadores y mendigos, si bien son incapaces de detener o desviar las fuerzas que son responsables del debilitamiento de nuestra autoestima y actitud social, que amenazan con destruir. En líneas más generales: las estratagemas más extendidas se reducen a la sustitución de preocupaciones sobre la seguridad del cuerpo y la propiedad por preocupaciones sobre la seguridad individual y colectiva sustentada o negada en términos sociales.

¿Hay futuro? ¿Se puede pensarlo? ¿Existe en el imaginario de los jóvenes?

El filósofo británico John Gray destacó que "los gobiernos de los estados soberanos no saben de antemano cómo van a reaccionar los mercados (...) Los gobiernos nacionales en la década de 1990 vuelan a ciegas." Gray no estima que el futuro suponga una situación muy diferente. Al igual que en el pasado, podemos esperar "una sucesión de contingencias, catástrofes y pasos ocasionales por la paz y la civilización", todos ellos, permítame agregar, inesperados, imprevisibles y por lo general con víctimas y beneficiarios sin conciencia ni preparación. Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción "cíclica" y "lineal" del tiempo y a volver a un modelo "puntillista": el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de "momentos", cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro "big bang", pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo.

Es una época en la que los miedos tienen un papel destacado. ¿Cuáles son los principales temores que trae este presente?

Creo que las características más destacadas de los miedos contemporáneos son su naturaleza diseminada, la subdefinición y la subdeterminación, características que tienden a aparecer en los períodos de lo que puede llamarse un "interregno". Antonio Gramsci escribió en Cuadernos de la cárcel lo siguiente: "La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos". Gramsci dio al término "interregno" un significado que abarcó un espectro más amplio del orden social, político y legal, al tiempo que profundizaba en la situación sociocultural; o más bien, tomando la memorable definición de Lenin de la "situación revolucionaria" como la situación en la que los gobernantes ya no pueden gobernar mientras que los gobernados ya no quieren ser gobernados, separó la idea de "interregno" de su habitual asociación con el interludio de la trasmisión (acostumbrada) del poder hereditario o elegido, y lo asoció a las situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale. Propongo reconocer la situación planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Gramsci, "lo viejo está muriendo". El viejo orden que hasta hace poco se basaba en un principio igualmente "trinitario" de territorio, estado y nación como clave de la distribución planetaria de soberanía, y en un poder que parecía vinculado para siempre a la política del estado-nación territorial como su único agente operativo, ahora está muriendo. La soberanía ya no está ligada a los elementos de las entidades y el principio trinitario; como máximo está vinculada a los mismos pero de forma laxa y en proporciones mucho más reducidas en dimensiones y contenidos. La presunta unión indisoluble de poder y política, por otro lado, está terminando con perspectivas de divorcio. La soberanía está sin ancla y en flotación libre. Los estados-nación se encuentran en situación de compartir la compañía conflictiva de aspirantes a, o presuntos sujetos soberanos siempre en pugna y competencia, con entidades que evaden con éxito la aplicación del hasta entonces principio trinitario obligatorio de asignación, y con demasiada frecuencia ignorando de manera explícita o socavando de forma furtiva sus objetos designados. Un número cada vez mayor de competidores por la soberanía ya excede, si no de forma individual sin duda de forma colectiva, el poder de un estado-nación medio (las compañías comerciales, industriales y financieras multinacionales ya constituyen, según Gray, "alrededor de la tercera parte de la producción mundial y los dos tercios del comercio mundial").

La "modernidad líquida", como un tiempo donde las relaciones sociales, económicas, discurren como un fluido que no puede conservar la forma adquirida en cada momento, ¿tiene fin?

Es difícil contestar esa pregunta, no sólo porque el futuro es impredecible, sino debido al "interregno" que mencioné antes, un lapso en el que virtualmente todo puede pasar pero nada puede hacerse con plena seguridad y certeza de éxito. En nuestros tiempos, la gran pregunta no es "¿qué hace falta hacer?", sino "¿quién puede hacerlo?" En la actualidad hay una creciente separación, que se acerca de forma alarmante al divorcio, entre poder y política, los dos socios aparentemente inseparables que durante los dos últimos siglos residieron –o creyeron y exigieron residir– en el estado nación territorial. Esa separación ya derivó en el desajuste entre las instituciones del poder y las de la política. El poder desapareció del nivel del estado nación y se instaló en el "espacio de flujos" libre de política, dejando a la política oculta como antes en la morada que se compartía y que ahora descendió al "espacio de lugares". El creciente volumen de poder que importa ya se hizo global. La política, sin embargo, siguió siendo tan local como antes. Por lo tanto, los poderes más relevantes permanecen fuera del alcance de las instituciones políticas existentes, mientras que el marco de maniobra de la política interna sigue reduciéndose. La situación planetaria enfrenta ahora el desafío de asambleas ad hoc de poderes discordantes que el control político no limita debido a que las instituciones políticas existentes tienen cada vez menos poder. Estas se ven, por lo tanto, obligadas a limitar de forma drástica sus ambiciones y a "transferir" o "tercerizar" la creciente cantidad de funciones que tradicionalmente se confiaba a los gobiernos nacionales a organizaciones no políticas. La reducción de la esfera política se autoalimenta, así como la pérdida de relevancia de los sucesivos segmentos de la política nacional redunda en el desgaste del interés de los ciudadanos por la política institucionalizada y en la extendida tendencia a reemplazarla con una política de "flotación libre", notable por su carácter expeditivo, pero también por su cortoplacismo, reducción a un único tema, fragilidad y resistencia a la institucionalización.

¿Cree que esta crisis global que estamos padeciendo puede generar un nuevo mundo, o al menos un poco diferente?

Hasta ahora, la reacción a la "crisis del crédito", si bien impresionante y hasta revolucionaria, es "más de lo mismo", con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa no estén aún del todo agotadas: un esfuerzo por recapitalizar a quienes prestan dinero y por hacer que sus deudores vuelvan a ser confiables para el crédito, de modo tal que el negocio de prestar y de tomar crédito, de seguir endeudándose, puedan volver a lo "habitual". El estado benefactor para los ricos volvió a los salones de exposición, para lo cual se lo sacó de las dependencias de servicio a las que se había relegado temporalmente sus oficinas para evitar comparaciones envidiosas.

Pero hay individuos que padecen las consecuencias de esta crisis de los que poco se habla. Los protagonistas visibles son los bancos, las empresas...

Lo que se olvida alegremente (y de forma estúpida) en esa ocasión es que la naturaleza del sufrimiento humano está determinada por la forma en que las personas viven. El dolor que en la actualidad se lamenta, al igual que todo mal social, tiene profundas raíces en la forma de vida que aprendimos, en nuestro hábito de buscar crédito para el consumo. Vivir del crédito es algo adictivo, más que casi o todas las drogas, y sin duda más adictivo que otros tranquilizantes que se ofrecen, y décadas de generoso suministro de una droga no pueden sino derivar en shock y conmoción cuando la provisión se detiene o disminuye. Ahora nos proponen la salida aparentemente fácil del shock que padecen tanto los drogadictos como los vendedores de drogas: la reanudación del suministro de drogas. Hasta ahora no hay muchos indicios de que nos estemos acercando a las raíces del problema. En el momento en que se lo detuvo ya al borde del precipicio mediante la inyección de "dinero de los contribuyentes", el banco TSB Lloyds empezó a presionar al Tesoro para que destinara parte del paquete de ahorro a los dividendos de los accionistas. A pesar de la indignación oficial, el banco procedió impasible a pagar bonificaciones cuyo monto obsceno llevó al desastre a los bancos y sus clientes. Por más impresionantes que sean las medidas que los gobiernos ya tomaron, planificaron o anunciaron, todas apuntan a "recapitalizar" los bancos y permitirles volver a la "actividad normal": en otras palabras, a la actividad que fue la principal responsable de la crisis actual. Si los deudores no pudieron pagar los intereses de la orgía de consumo que el banco inspiró y alentó, tal vez se los pueda inducir/obligar a hacerlo por medio de impuestos pagados al estado. Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad de consumo y crédito. La "vuelta a la normalidad" anuncia una vuelta a las vías malas y siempre peligrosas. De todo modos todavía no llegamos al punto en que no hay vuelta atrás; aún hay tiempo (poco) de reflexionar y cambiar de camino; todavía podemos convertir el shock y la conmoción en algo beneficioso para nosotros y para nuestros hijos.




http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/07/18/_-01960446.htm

sábado, 18 de julho de 2009

Análise sobre 'The Fear' de Lily Alen


Introdução:

Neste pequeno trabalho, nos propomos à análise de um produto da indústria cultural – a saber, o videoclipe da música “The Fear” (2009), de autoria da cantora e compositora britânica Lily Allen.

Fazemos, desde já, ressalvas quando aos empecilhos por nós encontrados ao longo da análise – como os possíveis problemas de tradução e interpretação da letra; a falta de um conhecimento mais vasto acerca da linguagem e da história do videoclipe; a questão da projeção subjetiva (tomada aqui num sentido reflexivo, ou seja, que, na decodificação de bens culturais, recorremos a um repertório adquirido via nossa experiência de vida).

Esses empecilhos nada mais são, na verdade, do que o resultado da ausência do horizonte de referências segundo o qual tal bem cultural foi produzido. Acreditamos, como afirma Pierre Bourdieu acerca da imigração de idéias, que “(...) as situações de ‘imigração’ impõem com uma força especial que se torne visível o horizonte de referência o qual (...) pode permanecer em estado implícito”. (Sobre o Poder Simbólico, p. 7)

Uma pequena biografia:

Lily Rose Beatrice Allen, pertencente a um núcleo familiar composto por pessoas do universo da indústria do entretenimento - filha do comediante e apresentador Keith Allen e da produtora de cinema Allison Owen. Seu interesse pela música despertou quando, ainda criança, apresentou-se no teatro de sua escola e conseguiu emocionar toda a platéia. Lily Allen, que sempre foi uma garota fora do rígido padrão disciplinar inglês, foi encorajada a desenvolver o seu talento pela sua professora de música, a compositora Rachel Santesso. Ao final do colegial, Lily já dominava o piano – embora se expresse melhor cantando.

Lily Allen ascendeu em sua carreira na cultura pop de forma incrivelmente rápida. Adepta das novas tecnologias on-line, exibiu suas músicas no seu perfil do MySpace, o que teve como conseqüência a gravação de seu primeiro álbum Alright, Still (2006) pelo selo EMI. Os maiores hits da cantora nesse ano foram as músicas “Smile” – na qual ela narra, de forma sádica, uma vingança que teve de um ex-amante - e LDN – onde, por contraste entre a alegria da melodia e a letra sarcástica, ela descreve um suposto passeio por Londres. Hoje, com 24 anos, mistura em suas músicas elementos de rap, musica eletrônica e influenciada pela musica dos anos 60.

Consta em sua carreira mais um recente álbum: It’s Not Me, It’s You (2009). Nele, musicas como “I Could Say” e “The Fear” – esta, intitulada primeiramente como “I Don’t Know” – conferem um ritmo mais dinâmico e reflexivo à sua obra.

Um fator que confere visibilidade à cantora – além das novas mídias (como o MySpace e o Twitter, por exemplo) e dos prêmios que ganhou por seus trabalhos – consiste no programa de variedades (“Lily Allen and Friends”) que apresenta na televisão Britânica.

Outro traço geralmente vinculado a Lily Allen é o seu envolvimento constante em diversos tipos de polêmicas com outras celebridades – como Kate Parry e Elton John –, bem como quanto à sua forma física e abuso de drogas lícitas.

Um bem da cultura de massas:

Talvez a função predominante de um videoclipe – ou, ao menos, a mais evidente – seja aquela ligada a seu caráter mercadológico, aquele relacionado à promoção das vendas de um determinado produto musical.

Se por um lado a história do videoclipe pode remeter à década de 1960 – quando ele não possuía uma finalidade outra que tornar possível, ao mesmo tempo, vários “shows” simultâneos de uma mesma banda em diferentes emissoras de televisão –, por outro, há de se ter em mente que o modelo de videoclipe hoje hegemônico é fruto de uma institucionalização comandada pela MTV americana a partir da década de 1980.

Essa estética adotada pela MTV caracteriza-se por um ritmo acelerado e caótico na montagem, o que resulta em uma narrativa que não preza pela continuidade espaço-temporal, e que possua uma forte multiplicidade visual.

Acreditamos que haja no videoclipe por nós analisado uma crítica a certos aspectos – se não negativos, ao menos indesejáveis – do mundo contemporâneo, como a cultura de consumo exacerbado – onde se configura uma lógica do perecível – e a transformação do artista em celebridade que imperam nos dias atuais. Versos como (em tradução livre) “Eu sou uma arma de consumo em massa/ mas isso não é minha culpa, é como fui programada para funcionar” podem ser tomadas como exemplo desses caracteres negativos da cultura contemporânea. Lily Allen joga com o imaginário coletivo (associando o consumo a um cenário pessimista, destrutivo) ao utilizar o termo “arma de consumo em massa” – referência clara às armas de destruição em massa, que no século XX (principalmente na época da Guerra Fria), alimentavam o medo da destruição do mundo por uma guerra total. Por outro lado, a cantora enfatiza a sua indiferença aos problemas desse novo mundo ao afirmar que isso não seria sua culpa, pois ela fora “programada” para funcionar assim.

Talvez possamos associar a figura do artista moderno àquela metáfora de “herói” criada por Bauman no seu livro Vida Líquida. Diferentemente da categoria de “mártir” – aquele indivíduo vitimado pela impossibilidade de coexistência de suas crenças e a estrutura rígida da sociedade pré-moderna –, o herói seria aquele ser que luta contra todas as adversidades em prol da concretização de seus ideais. A associação da figura do artista moderno à do herói, sobretudo no caso de artistas de vanguarda (que crêem no papel modificador da arte) é praticamente inevitável. Para Bauman, a contemporaneidade assistiu ao desmanche dos seus heróis e a ascensão das celebridades, movimento concomitante ao desmantelamento do Estado de bem-estar social, do obscurecimento do espaço público pelo privado e das demais liquefações que sofreu a modernidade tardia.

Uma rápida investigação quanto à essa aparente incoerência na capacidade da indústria cultural de produzir, distribuir e comercializar até mesmo a sua própria crítica vai encontrar na exposição dos pensamentos da Escola de Frankfurt realizado por de Umberto Eco em Apocalípticos e Integrados, uma explicação se não completa, ao menos plausível.

Segundo Eco, essa corrente de pensamento acredita que os bens da indústria cultural são

“Feitos para o entretenimento e o lazer, são estudados para empenharem unicamente o nível superficial de nossa atenção. De saída, viciam a nossa atitude, e por isso, mesmo uma sinfonia, ouvida através de um disco ou rádio, será fruída do modo mais epidérmico, como indicação de um motivo assobiável, e não como um organismo estético a ser penetrado em profundidade, mediante uma atenção exclusiva e fiel” (p.41)

Transformar aquilo que poderia ser uma canção de protesto em uma música que segue a lógica da mercadoria – como deixa evidente o uso abusivo dos refrões, cujo objetivo é tornar a melodia o mais memoriável e facilmente assimilável possível – a indústria cultural a incorpora enquanto bem vendável e a esvazia de todo o seu poder subversivo.

A perda de referências:

Uma grua que acompanha a sinuosidade dos galhos de uma árvore revela um trailer imerso em um ambiente bucólico – vemos também cadeiras, um pequeno varal onde foram postos a secar peças de roupas íntimas e um ursinho de pelúcia – no qual cores dessaturadas se fazem predominantes.

Esse ambiente ingênuo, bem como a postura infantilizada da cantora, contrastam fortemente com a imagem que a imprensa usualmente veicula de Lily Allen – conhecida pelos escândalos sucessivos (como, por exemplo, o seu abuso de álcool durante suas apresentações e brigas com outras celebridades como Elton John, Kate Parry e Paris Hilton).

Além dessa forte ironia presente em todo o videoclipe, outro traço marcante pode ser reconhecido nos acontecimentos onírico que o refrão detona – como a transformação daquele pequeno trailer em um castelo onde os empregados não trabalham, mas dançam; as compras, embrulhos em grandes embalagens coloridas, ganham pernas; e, finalmente, quando todos esses elementos oníricos se encontram, do lado de fora do castelo.

No refrão se lê (em tradução livre) “Eu já não sei o que é certo e o que é real/ eu não sei mais como eu devo me sentir/ Quando você acha que tudo isso vai passar?/ Porque eu estou sendo tomada pelo medo”. A relação entre o conteúdo musical (principalmente aquele contido na letra) e o imagético atinge, nesses pontos, o mais alto nível simbólico de todo o videoclipe.

Talvez seja forçosa tal associação, mas nos é extremamente tentador adotar tal ambiente onírico enquanto sintoma da perda de referências das quais sofre o indivíduo contemporâneo que, sem substrato propício onde possa alavancar a sua identidade, passa a recorrer ao consumo enquanto sustentáculo de sua subjetividade.

Essa perda de referentes, se bem conseqüência do próprio caráter reflexivo da modernidade como defende Marshall Berman nos últimos capítulos de Tudo que é sólido desmancha no ar, é conseqüência de um rearranjo desse espaço que fora estruturado pela Modernidade e atinge as mais diversas áreas da vida social, como o campo econômico (onde se nota uma supremacia dos interesses de mercado em prol dos do Estado-Nação); político (notado pelo desmantelamento do Estado de bem-estar social em prol do “estado mínimo”, Neoliberal); além de outros fatores sociais e culturais.

Ao questionar-se sobre as mudanças estruturais que levaram à essa perda de referências sociais, a esse mal-estar, Bauman vai concluir que houve mudanças no modelo de organização social e, portanto, no eixo das prioridades humanas – no qual a lucratividade e a competitividade tornam-se mais importantes do que outros fatores – como exemplifica o excerto de O Mal-estar na pós-modernidade:

Num mundo em que os principais atores já não são estados-nações democraticamente controlados, mas conglomerados financeiros não eleitos, desobrigados e radicalmente desencaixados, a questão da maior lucratividade e competitividade invalida e torna ilegítimas todas as outras questões, antes que se tenha tempo e vontade de indaga-las... (p.61)

O consumo exacerbado:

Ao contrário daquele desejo moderno de se modificar a realidade na qual se está inserido, as ambições de Lily Allen se movem muito mais em torno dessa esfera contemporânea que vê no consumo uma finalidade em si mesmo.

Ao longo do videoclipe, por várias vezes assistimos a cenas nas quais o consumo é evidenciado – como nas imagens da cantora em uma sala repleta de embrulhos. No decorrer da música, vários são os trechos que acentuam a importância do consumo no mundo contemporâneo – como quando Lily Allen canta que “A vida é sobre estrelas de cinema e menos sobre mães/ é sobre carros rápidos e fazer graça uns dos outros./ Mas isso não me importa porque eu tenho o meu cartão de crédito/ e é isso que faz da minha vida algo tão fantástico”.

Em Vida para consumo, Bauman faz uma diferenciação entre consumo e consumismo muito pertinente ao estudo do nosso caso. Para ele, o consumo é uma necessidade humana, presente em todas as épocas; ao contrário do consumismo, essa disfunção do consumo – que muda a matriz da organização social (que passa de produtores para consumidores); fomenta uma cultura agorista e cria uma lógica do descartável.

Para Bauman, a expansão da esfera do consumo se deu de tal modo que ele se tornou a principal força propulsora e operativa da sociedade, uma força que coordena a produção sistêmica, a integração e a estratificação sociais, além da formação de indivíduos humanos, desempenhando, ao mesmo tempo, um papel importante nos processos de auto-identificação individual e de grupo, assim como na seleção e execução de políticas de vida individuais.

Tal assertiva encontra eco na música “The fear”, quando, por exemplo, quando cantora fala que seus sonhos/projetos de consumo continuam os mesmos a despeito dos efeitos colaterais que o consumo pode gerar em outras partes da sociedade, como explicita a letra “Eu quero ser rica e quero muito dinheiro/ Eu não ligo pra inteligência, eu não ligo pra diversão./ Eu quero muitas roupas e muito mais diamantes/ Eu ouço dizerem que pessoas morrem ao tentar encontra-los”.

Conclusão

Com a elaboração desse trabalho procuramos exibir a própria lógica ambígua e despreocupada com um posicionamento inflexível da indústria cultural – a qual usa como estratégia de venda, o próprio escancaramento do lado alienante do consumismo. Nessa linha, encontramos também, outros aspectos do momento pós-moderno e suas relações com o produto audiovisual analisado na própria concepção da linguagem visual, das qualidades rítmica e da letra que tornam o videoclipe “The Fear” um objeto de estudo sociológico tão atrativo para uma leitura de alguns conceitos que tentam explicar o contemporâneo.

Realizado por: Bruno Roger e Rodrigo Morelato

Brinquedos pra eles e pra elas

Trabalho final de Sociologia II de Renato Reder


As diferenças relacionadas aos sexos masculino e feminino estão absolutamente presentes em nossa sociedade. Sexo é biológico, mas os papéis designados a ele, expectativas de comportamento, divisão de tarefas e jogos de poder são todas construções sociais.

A educação de meninos e meninas se diferencia desde muito cedo, e cabe à criança assimilar as informações referentes ao seu gênero, construir significações e organizá-las a fim de reproduzir estereótipos e padrões sociais. O princípio gerador de nossas escolhas e de nossa conduta – o habitus, segundo Bourdieu – antecede todas as práticas e é justamente o ambiente familiar, o primeiro espaço onde o habitus começa a ser incorporado seja através da educação, coerção, imitação.

A imagem busca refletir sobre o papel dos brinquedos na incorporação do habitus na infância. Os pais constroem o primeiro ambiente de brinquedos da criança, antes que ela comece a fazer suas escolhas. No nascimento, o quarto das meninas é rosa. O dos meninos, azul. Os brinquedos do universo feminino são ligados à casa, à família, à sensiblidade. Já no masculino estão presentes aos carrinhos, brinquedos que rementem à força, aventura, ao mundo externo e do trabalho.

Será mesmo que elas necessariamente preferem bonecas e eles, carrinhos? Porquê meninos brincando de Barbie e meninas de luta causariam constrangimento ‘aos outros’? Pensar em uma educação mais neutra e menos determinista em relação ao sexo e ao gênero não seria bom?

Disputa Simbólica



Fizemos um site experimental para incentivar a discussão sobre comerciais televisivos. A partir dos conceitos apresentados no curso, criamos categorias de links e um forum. Temos também um e-mail para contato (disputasimbolica@gmail.com) e um canal no youtube, em que favoritamos videos para leitura crítica e hospedamos o video-apresentação do site. O site se chama Sentido em Disputa e o forum Disputa Simbólica. Alunos e alunas do grupo: Francis Carnaúba, Tiago Rubini, Marilia Dias e Thais Dias.

As Múltiplas Identidades dos Sujeitos Pós-modernos


O trabalho Carlos Eduardo, Felipe dos Santos Claudino e Juliana Chalu, pretende pensar e levantar questionamentos em torno da construção da identidade.
O sujeito te a liberdade de se reinventar no mundo, criar sua identidade, desempenhar inúmeros papéis sociais. Vive em construção da identidade contemporânea, na qual “quem você é só faz sentido se você acredita que possa ser outra coisa além de você mesmo”. Sendo assim, vale a pena pensar até onde somos nós mesmos, ou somos produtos dos meios; nossa identidade não é a que domina, se nosso gosto, nosso modo de vestir é realmente nosso....

Panografia: a fotografia pós-moderna


Your browser may not support display of this image.

A idéia para o trabalho de Ana Carolina Perdigão surgiu a partir de reflexões levantadas nas aulas de Sociologia e Comunicação II, mais especificamente, no debate sobre Globalização e Pós-Modernidade. Busquei, através desta colagem, trazer de alguma forma essas questões para o campo da arte fotográfica.

Se a fotografia é moderna por essência, é verdade que em tempos de descentramento do tempo-espaço e da disseminação da multiplicidade de discursos, ela corre riscos de perder o seu valor como registro. O homem, sentindo-se desorientado e angustiado com a impossibilidade de estabelecer certezas, perde a crença na máquina capaz de registrar com luz um recorte de visão por ele selecionado. Surge então, e dissemina-se pela internet, uma nova forma de fotografar (ou colar fotografias), a panografia. Ainda que sua ampliação no recorte do tempo-espaço de alguma forma possibilite uma criação de sentido/afetividade facilitada, este não parece ser o intuito da panografia. Sua única verdade é justamente a incapacidade de afirmar-se como completa.